Experiencia
como profesora de idiomas
Un alumno de unos
12 años me preguntó sobre un ejercicio en el que debía revisar imágenes e
informaciones para responder algunas preguntas.
Nuestra
metodología no se limita a memorizar datos: enseñamos a pensar y analizar. Sin
embargo, este alumno —como muchos otros— señaló la pregunta como un error,
porque la información necesaria no estaba escrita ni aparecía en la imagen.
Lo que me
emociona profundamente es justamente ese momento de enseñarles a razonar. El
dato estaba allí, pero había que deducirlo: bastaba restar la fecha actual con
la fecha de nacimiento de una persona para saber su edad. La pregunta era:
“¿Cuál es la edad de la persona X?”
Este episodio me
hizo reflexionar: enseñar un idioma va mucho más allá de transmitir vocabulario
o reglas gramaticales. En realidad, ayudamos a desarrollar pensamiento crítico,
lógica, estrategias para buscar respuestas y verdadero entendimiento.
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